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ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA LUCHA CONTRA LA POBREZA EN EL PERÚ Mayo 20, 2008

Posted by cdfa in Poverty.
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Como es sabido el gobierno se ha planteado como meta reducir la pobreza al 30% en el 2011. Frente a ello una serie de preguntas se me vienen a la mente y una serie de temas vinculados a ello también, lo cual quiero compartir con ustedes con el único fin de aportar.

Para empezar, qué nos indica un porcentaje de pobreza?, qué es lo que está midiendo?. En buena cuenta nos indica qué población tiene un gasto mensual per cápita menor a una “línea de pobreza”, línea determinada por el costo de una canasta mínima de consumo que incluye alimentos y servicios, actualmente valorizada en alrededor de 200 nuevos soles. Para el caso de la pobreza extrema se contabiliza solo la canasta alimentaria que en promedio a nivel nacional se valoriza en 113.17 nuevos soles.

De este modo, se es más o menos pobre según cuanto se gasta al mes, o cuanto se le imputa que gasta, ya que este método para poder hacer comparaciones por espacio geográfico requiere valorizar todo el consumo de las personas aún cuando no se haya derivado de una transacción o gasto propiamente dicho, lo que sucede con mucha frecuencia en las zonas rurales andinas y  nativas del país.

Este método de medición de pobreza tiene mayor sentido en países cuya población está mayoritariamente incorporada a los circuitos económicos y al mercado, pero en el Perú eso es válido (generalizando) solo en el área urbana, y con excepciones para casos muy concretos en el área rural. Creo por ello que medir pobreza por este método es más un intento por realizar comparaciones por países, bloques de países, etc., útil para los organismos de cooperación internacional, instituciones crediticias mundiales o aquellas que acreditan nuestra categoría de país.

Entre 2001 y 2004 la tasa de pobreza pasó de 54.3 a 51.6, es decir una reducción de 0.9 puntos por año. Una reestimación de la pobreza para el 2004 (con modificaciones a las imputaciones por no respuesta parcial y total) arrojó  48.6,  manteniéndose para el 2005 (48.7). Sorprende por ello cómo una economía cuya tasa de reducción de pobreza no llegaba en promedio a un punto por año, dio un salto impresionante y mostrara para el 2006 una tasa de 44.5.

Esto es, lo que no sucedió en 4 años se dio en uno solo, y si bien el 2006 se tuvo un crecimiento del PBI de 7.6%, el año anterior fue de 6.7% y la pobreza no se redujo ni una décima de punto. Además que los beneficios de esta reducción del 2006 se dieron fundamentalmente en el área urbana que vio reducida su tasa de pobreza en más de 15% (al pasar de 36.8 a 31.2), mientras que en el área rural superaba ligeramente el 2% (pasando de 70.9 a solo 69.3).

La revisión de las cifras anteriores nos lleva a pensar que, o la disminución de la pobreza no guarda necesariamente relación con el actual crecimiento económico, que lo convierte en un tema de política económica o incluso de modelo económico; o es el método de medición de la pobreza el que no corresponde, tratándose en este segundo caso de un asunto metodológico y de mala interpretación de la realidad del país, o son las dos cosas.

Sin embargo, en cualquier caso habría que reevaluar la meta de pobreza al 2011, ya que pueden estar haciéndose múltiples esfuerzos por mejorar las condiciones de vida de la población pero finalmente no reflejarse en la reducción del indicador establecido, o por el contrario puede darse el caso que estas cifras reflejen la reducción deseada y el cumplimiento de la meta o más pero que no suceda lo mismo en lo que percibe la población, y sea por tanto solo un espejismo de la realidad y una lectura forzada de la misma.

En lo que a mí respecta las cifras de pobreza por ingreso hace mucho tiempo que dejaron de explicar la situación real de la pobreza en el país. Existen indicadores más importantes como la tasa de desnutrición infantil, la tasa de desempleo, mortalidad materna, acceso a servicios, y una serie de otros indicadores que reflejan con mayor precisión las condiciones de vida de la población, tanto al interior del hogar cono de su entorno. El problema está en que son indicadores sectoriales y de distinta maduración, quizás sea el momento de trabajar seriamente en un indicador agregado que permita  medir con mayor aproximación el bienestar de las familias, y es ahí donde la meta al 2011 debería apuntar, pero no solo la meta sino también la política económica y social (incluyendo la ambiental).

Un ejemplo de la confusión entre la política económica, la política social y las metas de pobreza (incluyendo la manera de medirlas) se sintetiza en el Programa JUNTOS, programa de transferencias monetarias condicionadas que se concentra en los distritos de mayor pobreza del país. JUNTOS trabaja en 880 distritos de acuerdo a un mapa de pobreza, mapa que incluye variables no monetarias.

De partida ya se tiene una inconsistencia, se busca reducir la pobreza por ingreso (o gasto) en los distritos que han sido catalogados como pobres por otras variables distintas al ingreso (o gasto). Entonces al final qué se medirá para saber si los resultados de JUNTOS han sido positivos, el nivel de ingreso de las familias que se beneficiaron con el programa?, el nivel de pobreza de las familias beneficiarias según las variables utilizadas para la focalización de los distritos?, el nivel de pobreza del distrito al final del período de ejecución según estas mismas variables?. El nivel de pobreza de los distritos según nivel de ingreso promedio?.

Es por ello muy importante el planteamiento correcto de metas de política económica y social, a la par con los instrumentos a utilizar para lograr los objetivos propuestos. Y ello se torna imperativo en momentos que existen recursos para avanzar en los mismos. Si lo que se busca es reducir la pobreza por ingresos (o según la línea de pobreza, tal cual la meta del gobierno), JUNTOS  como está es del todo coherente ya que entregar dinero de libre disponibilidad a las familias incrementa automáticamente su nivel de ingresos mensuales. El problema en este caso radica en que no es una política sostenible, requiriéndose por tanto un rediseño que apunte a su sostenibilidad en el largo plazo. No obstante, la pregunta sería, si es la pobreza por ingresos la que se quiere o debe reducir?.

JUNTOS es un programa que mejor enfocado y sobre la base de alianzas estratégicas con la sociedad civil y el sector privado puede contribuir en el corto plazo a aliviar situaciones críticas,  y  dependiendo la escala de intervención convertirse en un buen instrumento redistributivo y de mejora del bienestar en los hogares más deprimidos y aislados socialmente, pero repito luego de una “reingeniería del mismo”.

En lo que se refiera a la distribución equitativa no ahondaremos mucho (remítanse a la excelente reflexión de Efraín Gonzáles: Crecimiento sin equidad – http://blog.pucp.edu.pe/item/22367), sino solo para señalar que mejorar las condiciones de vida de la población que más lo necesita requiere de una serie de otras medidas de política que solo la reducción de la pobreza (aún en su concepción más amplia). Es necesaria una política explícita y con metas concretas de distribución del ingreso -y entender que la política económica imperante, de por sí, es casi inútil para ello-,  y contar con Planes de Desarrollo Rural local y regional que ordenen y posibiliten un mayor impacto social de los recursos provenientes del canon minero, gasífero, etc. y de otras fuentes de recursos públicos y privados.

Un tema final (por ahora) de reflexión en cuanto a lograr metas importantes de reducción de pobreza, se encuentra en la necesaria coordinación intersectorial e interinstitucional, especialmente en lo que a política social se refiere. Lograr –en un caso utópico- la eficacia y eficiencia máxima en la intervención de cada sector en una zona específica no lo será globalmente si es que en el proceso hubo duplicidad de acciones y de recursos por ejemplo, o si en el proceso no participó de manera activa la población beneficiaria. Que es más complicado coordinar entre sectores, entre instituciones y a veces al interior de las mismas lo es, pero no hacerlo es un lujo que no podemos darnos en un país que aún sigue siendo del tercer mundo.

Continuaremos más adelante.

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Nota:

El 26 de mayo (6 días después de publicado el artículo) el INEI presentó las cifras oficiales de pobreza correspondientes al año 2007. Una revisión de éstas muestra una impresionante reducción de la pobreza pasando de 44.5 el 2006 a 39.6 el 2007, mientras que en el caso urbano pasó de 31.2 a 25,7 y en el ámbito rural de 69.3 a 64.6. Estas nuevas cifras no cambian en nada lo planteado en el artículo previo, se afirma además que los beneficios siguen siendo urbanos, a lo que debemos añadir que aún manteniéndose estos sorprendentes porcentajes de reducción de pobreza por ingreso (y ceteris paribus), llegar a una cifra de pobreza digamos del 8%, tomaría 6 años para la población urbana y 30 para la población rural.